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LA FIEBRE ANÍMICA

La fiebre anímica es tan inevitable como la fiebre física, todos hemos pasado por ella alguna vez a lo largo de nuestra vida.

No tiene edad y según nuestra etapa de desarrollo presenta diferentes síntomas. Por no tratarse de una patología física en ocasiones pasa desapercibida o puede confundirse con depresión o rebeldía, pero es en realidad un mal de crecimiento profundo y en ocasiones necesario. 


Algo no está bien. Él que manifiesta fiebre del alma se siente molesto, incomodo, abrumado, fastidiado por el mundo a su alrededor. Atraviesa un fuerte conflicto interno.


Iniciando con el niño pequeño, que no logra tolerar la autoridad del adulto cuando ya está intoxicado con la suya, para seguir con el niño en etapa de Rubicón que duda de toda información que recibe retando al adulto de manera constante y continuando con el adolescente que desea pertenecer a lo que lo atormenta y lo castiga. Terminando con el adulto que siente vacío y insatisfacción. (Cit. Kim John Payne)


La fiebre anímica nos habla de un proceso interno único e individual, cada ser humano manifiesta su consternación de diferente manera, por lo que nos tenemos que valer de nuestros instintos para poder detectarla.

El instinto es un impulso natural que tenemos que recuperar, deberíamos confiar en él mas a menudo porque por lo común nos revela el camino indicado.


¿Cuales son las síntomas de fiebre anímica?


Todo inicia con una sensación de molestia.

Por lo general se presenta inquietud durante un tiempo prolongado, una agitación interna que va mas allá de un temporal mal humor o berrinche.

Cada individuo responde de manera distinta dependiendo de su temperamento y edad.

En niños pequeños es simple detectar el descontento: irritabilidad y cambios en los patrones de sueños, son las síntomas mas frecuentes. 

A mediados de la niñez se pueden notar cambios en las amistades, en los hábitos, irritabilidad y un exceso de desconfianza en el adulto.

La adolescencia es una etapa especialmente febril, el característico cuestionamiento de las reglas y limites se polariza y aumentan los razonamientos contradictorios. Algunos manifiestan falta de concentración, cierta negligencia en los estudios y otros se obsesionan con ello. El adolescente es por naturaleza ensimismado y usa el desafío como  herramienta de protección.

El adulto también tiene estados febriles, mas sutiles y complicados de reconocer.

Por lo común se confunden con depresión o frustración.


¿Que hacer ante una fiebre anímica?


El primer paso es reconocerla.

El solo hecho de poderla detectar genera la empatía necesaria para que la persona febril se sienta comprendida y apoyada.

El esquema de prioridades debe cambiar, necesitamos introducir quietud y detener la rutina normal. Por lo común el individuo febril se rehúsa a detener o disminuir sus actividades por lo que hay que ser muy cautelosos y pacientes.

Es un hecho que la simplificación de la vida es de mucha ayuda en estos casos, la sobresaturación es toxica a cualquier edad.

El tiempo durante el cual se detienen las actividades puede variar según el caso: en ocasiones es prudente considerar una simplificación permanente mientras en otros se puede regresar paulatinamente a la rutina diaria.


En mi experiencia personal he observado que mi niña mayor, que ha sido escolarizada en etapa temprana, ha presentado un mayor numero de estados febriles en comparación con mis otras dos niñas, que nunca lo han sido. Hasta la fecha presenta repentinamente secuelas de fiebres anímicas antiguas, su intensidad es cada vez menor pero sigue reflejando un estado de estrés arcaico.

En mis asesorías a familias en proceso de desescolarización he observado exactamente lo mismo. Por lo común tanto los padres como los niños presentan un cuadro febril anímico en alguna etapa del proceso o previa a él.


Te invito a una profunda reflexión sobre que tan necesario y realmente beneficioso puede ser saturar la agenda de nuestros pequeños y el precio de la sobreexigencia.


La pedagogía Waldorf ofrece una poderosa herramienta para hacer frente a los distintos tipos de fiebre anímica, y esta es la pedagogía de emergencia.


TEXTO ORIGINAL DE CRISTINA TESSERIN

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